LA TINTA DEL CALAMAR
Cierra los ojos.
Escucha las olas.
¿Las oyes?
Escucha los gritos de los niños que por aquí jugaban hace años.
Escucha las voces de los adultos que discuten, o simplemente hablan pero un poco más alto de lo normal.
Escucha, ese sonido que producen dos labios al tocarse, ese susurro sonoro que resulta más incomodo para aquellos que rodean a los enamorados más que a ellos mismos.
Escucha el crujir de la arena con los pies, a veces fuerte, otras débil; unas veces rápido y otras de forma más permanente, sin lograr que nadie se detenga eternamente.
Abre los ojos.
¿La ves?
Mira a esa niña, la niña de Rafael Alberti, la de la tinta del calamar.
La playa ahora esta desierta, tan solo se escuchan las olas acariciando la arena y los pies de la niña chocando contra el suelo.
Ahí esta ella, tan inocente, tan pura... que hasta parece irreal. Con su vestido blanco, sin miedo a mancharlo y sin miedo a ensuciar sus manos de porcelana con la tinta del calamar...
¡Ay niña, no te la manche la tinta del calamar!
