EL DÍA DE MI MUERTE

>>La ventaja de ser un ángel es que puedes ver parte del futuro. Por cada acción que hacemos nosotros mismos o alguien cercano podemos ver pequeñas partes de la repercusión que esa acción tendrá, incluso antes de que se realice. Por eso escribí aquel texto y antes, justo antes de darle a enviar la vi a ella sentada enfrente en una pequeña cafetería de Madrid. No me podía creer que fuese a conocerla, ¡en persona! Y todo por unas palabras que simplemente decían que es lo que guardaría en una mochila…
Intento volver a la realidad. Le doy a enviar. Pruebo a continuar con mi vida como si nada pasara, pero ¡es imposible! No dejo de pensar en ese 15 de junio cuando ella se cite conmigo. Cierro los ojos y la veo ahí sentada, con esa sonrisa que ilumina todo su rostro y esos ojos como esmeraldas que deslumbran la mirada. Empieza a hacerme preguntas, pero yo soy incapaz de responder a ninguna de ellas. Jamás pensé que iba a conocerla, es la humana a la que más idolatro ¡y está sentada ante mi! Un sin fin de sentimientos se apoderan de todo mi cuerpo, quiero reír a carcajadas, llorar como si no hubiese mañana, levantarme de la silla y darle el mejor abrazo que jamás ha recibido…
Me levanto de la silla y voy directamente al baño. Necesito una ducha de agua fría, mi cerebro no deja de reproducir una y otra vez la visión. Enciendo el grifo y comienzo a quitarme la ropa. Nunca antes me había pasado esto, normalmente podemos controlar nuestras visiones, a no ser… Tan solo me he quitado un jersey y todo empieza a estar borroso. Ni si quiera alcanzo a ver mis manos. Todo comienza a dar vueltas y vueltas… de nuevo la visión. De nuevo ella, ante mi, riendo a carcajadas mientras poco a poco todas las personas que había en el local van desapareciendo una a una, entonces sus ojos, verdes como esmeraldas se tiñen de rojo… En ese mismo instante caigo al suelo golpeándome la cabeza con el borde de la ducha y al igual que sus ojos, el suelo comienza a teñirse del mismo color.

>>Otra vez mi alma se separó de mi cuerpo. Todo volvía a empezar. Vi mi cuerpo tendido en el suelo, sin vida, desangrado… Y de nuevo allí estaba él, ese diablo que me separaba de mi cuerpo cada vez que se acercaba. Pero que también, había robado mi corazón.

Cuadro por Anaís Ramos


Inspirado en Dos Velas para el Diablo, Laura Gallego.

¡Espero que os guste!

¡ H A S T A   E L   P R Ó X I M O   P O S T !