"NICAS"

De nuevo solo, encima de unas ruedas ante la vía del tren. Viendo como los sueños de esas personas que esperan en el anden se van cumpliendo uno a uno. Mientras los míos se reducen a cenizas. La empresa ha cerrado y yo soy un hombre mayor, ¿Quién va a querer darme trabajo ahora? Si para todos esos empresarios ricachones no soy más que un inútil analfabeto que entorpece al resto de trabajadores. Pero así es la vida. Que voy a hacer yo para evitar o causar nada si solo soy un simple peón del tablero al que nadie mira y no importa si estoy dentro o fuera.

Aunque voy a seros sincero: Sí, estoy triste, han cerrado la empresa a la que tantos años he dedicado y sí, a pesar de quedarme dos meses para la jubilación me han echado. Pero igual que yo, otros cientos de mujeres y jóvenes, se han quedado sin trabajo, les daba igual quien fueses... Muchos tienen hijos, una familia a la que alimentar cada día y  a la que cuidar durante años. De corazón lo digo: “Ojala pronto encuentren trabajo”. Porque a diferencia de mi, ellos están empezando a vivir y mi vida casi ha terminado…

La mirada perdida y la mente en otra parte. Me evado de todo. Comienzo a recordar como esa fabrica me hizo un hombre y me cambió la vida por completo:
>> “Entré allí a trabajar cuando tan solo tenía 16 años, era solo un crío que lo único que buscaba era ayudar a su madre enferma, para poder dar de comer a su hermana menor. Cuatro años después madre murió; dejándonos a mi hermana y a mi solos ante el mundo. Mi hermana María era una niña alegre e inocente que tras la muerte de mi madre se transformó de la noche a la mañana en una mujer, recuerdo que me dejó totalmente atónito. Pasaron los años y María contrajo matrimonio con un gran hombre que la trataba como una reina. Era lo mejor que nos había pasado en años, pero yo me quedé solo, olvidado. Un día, el día en que todo comenzó a tener sentido me llamaron del despacho del director mientras, como cada día, trabajaba como un negro en la empresa. Ese día no estaba el jefe, estaba su hija sentada en ese sillón de cuero negro que era dos veces ella. Lucía una falda verde botella por debajo de las rodillas con una camisa blanca, un poco transparente. -“Parece que estoy viéndola ahora mismo.” – Me entregó una carta con remitente de Barcelona. Al entregármela, nuestras manos se rozaron con miedo, sin poder apartarnos la mirada a pesar de que ninguno fue capaz de pronunciar una palabra. Salí del despacho y en ese instante la carta dejo de importarme, lo único que quería era volver a mirar aquellos ojos del color del mar y volver a tocar de nuevo esa mano de piel fina y suave como la seda. Sin poder resistirme volví a abrir la puerta bruscamente. Abrí la boca con intento de pronunciar palabras, pero me quedé en blanco. Ella levantó la mirada, me miró directo a los ojos. Tartamudeando pude pronunciar: “Señorita, ¿podría usted deleitarme con su grata compañía esta noche?” Asintió con la cabeza y sonrió. Esa ha sido la sonrisa con la que hasta el día de hoy he soñado todas las noches, y la que gracias a Dios puedo ver todas las mañanas al despertarme… […]”

Oigo como unas pisadas lentas y pesadas acompañan a un bastón, abriéndose paso entre las piedras de la vía, devolviéndome a la realidad… Me giro con cautela y ahí está ella… Con su sonrisa de dientes blancos como perlas, sus ojos azules como el cielo… de nuevo su presencia me embriaga sumiéndome en un estado de limerencia. Se para a pocos metros de mi ofreciéndome su mano, - Nuestros hijos nos esperan para comer. – Me levanto a duras penas agarrando su mano y juntos nos marchamos de allí en busca de una nueva aventura.