LUCHA.

Sentía como la mano de mi madre estaba entrelazada con la mía, pero ya no me apretaba. Su cabello me hacía cosquillas en el brazo lleno de tubos y cables. Abrí los ojos y vi los suyos cerrados, con la cabeza apoyada en mi cama y una media sonrisa dibujada en su cara. Cerré los ojos e intenté gravar esa imagen en mi mente para lo poco que me quedaba de vida.

Aún recuerdo cuando era una niña feliz, sana y como de pronto mi mundo se volvió negro y frió. Todo por una maldita célula que no supo dividirse correctamente y causó que otras iguales se formaran por todo mi cuerpo, invadiendo todo mi organismo sin que nadie se diese cuenta, hasta que comenzaron a fallarme todos los órganos. Así es como comenzó el último trayecto de mi vida. Empezaron a hacerme pruebas de todo tipo, estudiaban toda posibilidad para que pudiese sobrevivir... Estos seis últimos meses de mi vida se han reducido a visitas medicas, pruebas, pastillas, tratamientos... lo que todo un adolescente quiere por su 15 cumpleaños, ¿no...? Pero es lo que me ha tocado.

No fue fácil asimilarlo, y aun me pregunto ¿porqué a mi? aunque se que esa pregunta no tiene respuesta. Cada vez que cierro los ojos, cada vez que entro en quirófano, tengo miedo de no volver. Pero también en cierto que todo cada vez es mas rutinario y lo único que deseo es poder salir de este hospital y poder ser una persona normal, aunque se que jamás volveré a ser normal. A pesar de que en pocos días salga de entre estas cuatro paredes, se que aun no he llegado a la cima de la montaña. 

Y no pienso dejar de luchar nunca, no pienso rendirme jamás.


(Día internacional del cáncer infantil).