12 palabras raras
Yo tenía una vida normal, sin nada de emoción, solo me ocupaba del trabajo y apenas pasaba tiempo en casa, el único lugar donde podía ser sibarita, pero por desgracia apenas estaba allí más de tres horas al día.
Pero el lemotiv de esta historia no es como era mi vida antes, sino como es mi vida ahora.
Ese día era como otro cualquiera, con la diferencia de que hoy tenía la última sesión con el fisio. Por desgracia hace unas semanas tuve un accidente de coche y me dejo el cuello hecho una mierda, la clavícula rota, el esternocleidomastoideo desgarrado... que estaba hecha un rodea viejo y por uebos tuve que ir a rehabilitación. El problema es que yo no quiero dejar de ver al fisio, es tan simpático y amable conmigo... le he contado todos mis problemas y por increíble que parezca me escucha y me apoya, incluso cuando le hablo de mi ex marido, ese hombre tan agraz que me destrozó la vida cuando le encontré corito en un lupanar... Pero prefiero olvidar esa imagen y pensar en el conpicuo caballero que desde hace un mes me masajea el cuello todas las semanas y me tiene sumida en un estado de total limerencia.
Voy por la calle tan absorta en mis pensamientos que ni me doy cuenta de que los cordones de mis zapatos se desatan. Entro por la puerta del hospital, aún sumida en mis pensamientos y el cordón del zapato se engancha con un escalón que estaba roto. !Maldito herrete! No se como pero siempre se deshacen...
Entro en la sala, todo va como siempre, me quito la camiseta, él unta sus manos en un liquido para masajearme el cuello y la espalda mientras yo me tumbo boca abajo... Pero al final de la sesión, de sus labios no sale un "adiós", su boca pronuncia un "¿te apetece cenar esta noche conmigo?" Titubeo al pronunciar un "si" y me tiemblan las manos y las piernas al intercambiarnos los teléfonos.
Es todo tan inefable que no soy capaz de decir una frase del tirón en todo el día.